MIGUEL GALEZO

Bogotá, 1956
Miguel Galezo Escandon artista

Pintor Nacido en el Banco Magdalena, de familia de artesanos, aprendió de sus padres el arte de la ebanistería. Desde niño mostro su inclinación sin apoyo alguno a las artes y fue así como ganó parte de su vida pintando muros, afiches propagandísticos y aprendiendo el arte de la marquetería.

Una vez instalada en Bogotá por su propia cuenta estudia y trabaja reproduciendo cuadros diferentes al mismo tiempo que crea una clientela que empieza a valorar sus cuadros. Conoce a Obregón y estudia su estilo, además de otros pintores por los cuales siente una fuerte inclinación. De allí empieza a surgir un lenguaje personal que por su idiosincrasia lo acerca a los pintores del trópico. El colorido de sus obras nos recuerda al Trópico y nos trae a la memoria a los tachistas, quienes con grandes pinceladas de colores finamente contrastadas crean atmósferas y ambientes, como ensoñaciones y recuerdos que viven en el imaginario personal de Miguel Galezo.

Fue al lado del río, con los pescadores que conoció la belleza de la naturaleza caribeña: los manglares, las iguanas las aves, sus atardeceres y amaneceres, los cuales quedaron en su memoria. De igual manera sus ojos grabaron para siempre los rituales y las relaciones sociales de los campesinos de su terruño, como lo representan los cuadros aquí expuestos.

Fue al lado del río, con los pescadores que conoció la belleza de la naturaleza caribeña

Ganador del premio “Condor Club del Magdalena”

Exposiciones:

Casa de la cultura de Santa Marta

Galería Andrómeda – Bogotá

Sala Signos y Leyes del congreso

 

 

El pintor banqueño MIGUEL GALEZO ESCANDON nos presenta una muestra pictórica que amalgama arte, color, vida y fiesta de coquetos soles caribeños.

Su infancia, sufrida pero agradecida con el reto de la grandeza.

El se ve como un artesano que sangra el silencio. El rito de su obra empieza con la oración al murmullo del rio y al ensueño de las noches banqueñas.

El tiempo corre y con la maestría de sus pinceles no esquiva los retos del arie contemporáneo; al contrario, lo alimenta con la riqueza de su croma y de sus formas a veces ecléclicas, para estar en el sitial de los grandes. Su taller lo ocupa su alma sensible fecundada por los dioses del ingenio y la creación, esperando el momento mágico que de forma al frio lienzo que expectante ha esperado el instante de su consagración.

Miguel es ajeno a los devaneos de las lisonjas y las poses prepotentes que menguan la tranquilidad de las almas.

Su obra invita a la reflexión callada; al deguste de sus formas encarnadas en sus cuadros.

Cabe en estas líneas el pensamiento del gran pintor Balthus: “El pintor solo es un humilde pasador de imágenes un artesano dócil que sabe retenerlas”